viernes, 4 de diciembre de 2009

Miradas

II
Juro…
que detrás de sus pupilas
mil veces mil campanas retumbaron.
Hay lágrimas sin llanto
que al mirarle mi rostro demarcaron.

Juro,
tras sus ojos,
que hubo estrellas que de canto se tocaron
y en sus iris, como un verso,
los confines procrearon.

Tengo en la memoria el cristal de una cascada
y el color turquesino de sus aguas,
una tarde en que estuvo recostada
y el rocío subyugante de su cara.

Sé, lo juro, que escuché campanitas al mirarla,
y al abrir sus ojos, ¡Dios!,
de mis ojos lágrimas brotaban.

Nunca antes vi a nadie como ella,
y al hacer mis versos la mano me temblaba.
Juro, no hubo verso
que a ella le igualara.

Y al abrir sus ojos, ¡Dios!,
era un beso el que hablaba.

Salvador Pliego

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Para Maria. De su blog


Si me envías al trabajo, linda dama,
no me esperes que llegue hasta tu puerta,
pues mis huesos alarma dan de alerta
y mejor estoy dormido en blanda cama.
Tu me pones de Muestrario caballero,
y muy digno de tu afán pongo mi arte,
para al fin a tu gloria desearte,
un saludo prolongado de sombrero.
Tu Maria, eres buena a mi estandarte,
y sin nada que turbase nuestra vida,
yo te tengo por amiga muy querida.
Este verso me sale de mi alma
y lo mando a tu buzón, con la alegria,
de tenerte en Eslovenia, a ti Maria.
Si alguna vez voy, te busco.

EMILIO MEDINA MUÑOZ

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