viernes, 23 de octubre de 2009

La alquimia de su claridad















Renació de tsunamis de pasiones encontradas
y llegó a las orillas
de círculos de hielo,
transformándose
en brisa que aplaca al fuego.
Desplegó sus alas
sobrevolando orillas,
enjugó de espuma
su corazón etéreo
y más allá del miedo,
de todos los hados,
voló entre las nubes que nunca llovieron.
Despacio, quedito, suave
se imbuyó en el océano
para rescatar las nanas
de las inquietas almas,
e iluminar senderos
con azules claros,
como claro es el cielo.

Mujer del agua
que aplaca la sed
de sedientos seres,
la gracia agradece que exista
su risa,
su respeto,
su esencia sin prisa,
que se apresura a tiempo.
Honrando historias
para que sean sonidos
y no más silencios

La mujer del agua,
es de agua y viento.
La tierra cada tanto, mira,
porque bien saben las cimas
que en ella galopa,
además,
un corcel de fuego.

Diana Bracamonte

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Para Maria. De su blog


Si me envías al trabajo, linda dama,
no me esperes que llegue hasta tu puerta,
pues mis huesos alarma dan de alerta
y mejor estoy dormido en blanda cama.
Tu me pones de Muestrario caballero,
y muy digno de tu afán pongo mi arte,
para al fin a tu gloria desearte,
un saludo prolongado de sombrero.
Tu Maria, eres buena a mi estandarte,
y sin nada que turbase nuestra vida,
yo te tengo por amiga muy querida.
Este verso me sale de mi alma
y lo mando a tu buzón, con la alegria,
de tenerte en Eslovenia, a ti Maria.
Si alguna vez voy, te busco.

EMILIO MEDINA MUÑOZ

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