lunes, 19 de octubre de 2009

Sauce.


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Quedan las lágrimas que refleja tu piel

y el aire

que respira el gusto
musgoso de tu cuerpo.

Quedan el canto verde

y el polvo

enorme de la hormiga

y quedan:

estatuas lunas
trozos de horizonte

y yo

que espero el álgido
silencio de tu sombra.

Edgar Hernández Zúñiga.

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Para Maria. De su blog


Si me envías al trabajo, linda dama,
no me esperes que llegue hasta tu puerta,
pues mis huesos alarma dan de alerta
y mejor estoy dormido en blanda cama.
Tu me pones de Muestrario caballero,
y muy digno de tu afán pongo mi arte,
para al fin a tu gloria desearte,
un saludo prolongado de sombrero.
Tu Maria, eres buena a mi estandarte,
y sin nada que turbase nuestra vida,
yo te tengo por amiga muy querida.
Este verso me sale de mi alma
y lo mando a tu buzón, con la alegria,
de tenerte en Eslovenia, a ti Maria.
Si alguna vez voy, te busco.

EMILIO MEDINA MUÑOZ

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