martes, 3 de noviembre de 2009

He leído lo que Mario Horacio Aguilar compartiera, desde 2007, en dos grupos de los que también soy miembro, en Mundo de Poesía y el Club Internacional de Literatura, Periodismo, Artes y Comunicaciones. Intercambiamos algunas opiniones sobre los textos suyos y él sobre los míos. Lo sentí amigo y alguna vez le pregunté sobre esas evocaciones suyas del Túnel, la vida después de la Muerte como un proceso que describió en el poema «Evaluciones». Aprecié sus lindas percepciones de lo femenino, el amor, la paz. Habría sido una experiencia dulce y consoladora conocer a un hombre como él. Alguna vez le dije que escribí un libro, de casi 300 páginas [«YO SOY LA MUERTE»] para festejar la vida porque creí que me iba ya (soy sobreviviente de cáncer} y escribí mi «(el)Libro de la amistad y el amor», como si fuera un epitafio para mi propia vida y una despedida dejada a mis amigos, los que nacen de libros, los que me rodearon físicamente, los amigos virtuales... y qué deuda, Mario podía ser uno de ellos. Su obra tiene calidad, la que avalan los años porque él escribe desde la adolescencia. Eso lo confesó en el Club de Literatura: «Escribo desde adolescente. Tal vez por timidez nunca publiqué y desde hace tres o cuatro años comencé en internet»
En el próximo Sequoyah, incluiré textos suyos como homenaje. Me gustaría saber / leer / publicar / de quienes lo hayan conocido personalmente o de quienes tengan una especial percepción suya, datos biográficos, que quieran compartir. Quisiera que no fuera cierto que ha muerto.En espera,

Carlos López Dzur

1 comentario:

Kellypocharaquel dijo...

Muy penosa noticia y Horacio permanecerá latente entre todos los que lo apreciamos y amamos su trabajo.
Saludos
Raquel Luisa Teppich

Para Maria. De su blog


Si me envías al trabajo, linda dama,
no me esperes que llegue hasta tu puerta,
pues mis huesos alarma dan de alerta
y mejor estoy dormido en blanda cama.
Tu me pones de Muestrario caballero,
y muy digno de tu afán pongo mi arte,
para al fin a tu gloria desearte,
un saludo prolongado de sombrero.
Tu Maria, eres buena a mi estandarte,
y sin nada que turbase nuestra vida,
yo te tengo por amiga muy querida.
Este verso me sale de mi alma
y lo mando a tu buzón, con la alegria,
de tenerte en Eslovenia, a ti Maria.
Si alguna vez voy, te busco.

EMILIO MEDINA MUÑOZ

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