
Sabes que no concibo verte triste.
No puedo soportar ver en tu cara
ese rictus que asoma y que ofreciste
ayer como una sonrisa así tan rara.
Tu rostro pleno de pesadumbre
es sin embargo para mí tan bello.
No logro evitar que siempre alumbre
desde el magnífico emitir de tu destello.
Ven mujer y siéntate a mi lado
y ofréceme tus veleidosos mimos.
Anhelo beber tu miel con desenfado
de tus uvas generosas en racimos.
Debo sentir tus golondrinas pectorales
agitarse encrespadas en mi pecho
al aumentar los deseos pasionales
y concentrarlos bajo el mismo techo.
Oscar Néstor Galante
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